Una de las preguntas más comunes que recibo de los estudiantes es: “¿Qué lenguaje de programación debo aprender para ser un experto?”
Mi respuesta casi siempre los sorprende: no intentes ser experto en todos. Es imposible.
El mundo de la programación es un océano infinito de lenguajes, frameworks y tecnologías que cambian constantemente. La clave no está en saber un poco de todo, sino en entender bien los fundamentos y, sobre todo, en usarlos para construir cosas reales.
Elegir un lenguaje no es el verdadero problema
Muchos se quedan atrapados comparando lenguajes: cuál es mejor, cuál tiene más futuro, cuál paga más. Pero esa no es la pregunta correcta.
Lo realmente importante es elegir uno, entenderlo bien y empezar a construir. La lógica, las estructuras de datos y la forma de pensar como programador se transfieren mucho más fácil cuando te enfocas.
El problema de los proyectos que no importan
Aquí es donde muchos se atascan. Siguen tutoriales para crear otra calculadora, otra lista de tareas o el mismo proyecto genérico que no les genera ningún interés real.
Y cuando algo no te importa, lo abandonas. No por falta de capacidad, sino por falta de conexión.
Mezcla el código con algo que ames
Mi consejo es simple: encuentra tu pasión fuera del código y mézclala con él.
En mi caso, es el ajedrez. Muchos de mis proyectos personales giran alrededor de eso: herramientas de análisis, aplicaciones para torneos, incluso un videojuego. No porque sea lo más rentable, sino porque me importa.
Cuando trabajas en algo que te apasiona, la programación deja de sentirse como una obligación y se convierte en una herramienta para crear.
La motivación cambia cuando el proyecto es tuyo
Cuando conectas el código con tus intereses, la motivación deja de ser un problema. Investigas más, te enfrentas a problemas más complejos y aprendes sin darte cuenta.
No estás programando para terminar un tutorial. Estás programando para resolver algo que realmente quieres ver funcionar.
La mejor pregunta que puedes hacerte
Así que no te preguntes cuál es el “mejor” lenguaje para aprender.
Pregúntate: ¿Qué problema interesante puedo resolver o qué proyecto divertido puedo crear relacionado con lo que amo?
La respuesta a esa pregunta te dará un camino mucho más claro y sostenible para convertirte en un gran programador.