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BLOG > LEVEL_05
AJEDREZ DATE: 18.09.2026

EL ALIADO QUE BUSCABA YA TENÍA SU PROPIO PROYECTO

Para revivir el club busqué a quienes podían traer más gente: los profesores con club escolar. Ya lo había intentado y no funcionó. Tardé en entender que el de más alcance no es el mejor aliado.

⏱ TIEMPO DE LECTURA: ~4 MIN
Ilustración pixel art de dos tableros de ajedrez separados, cada uno con su propio rey iluminado tirando de las mismas piezas hacia lados opuestos, y al centro una figura pequeña con un farol naranja mirando a los dos.

Estoy tratando de revivir el club de ajedrez de mi ciudad. La mecánica es sencilla de decir y difícil de hacer: para que un torneo valga la pena tiene que haber niños, y para que haya niños alguien los tiene que traer.

Así que hice lo que parece obvio. Me senté a ordenar quién puede traer más gente, de mayor a menor.

Un papá que se entera trae a un niño. Un profesor que sostiene un club de ajedrez en su escuela trae a quince, y además llegan preparados. La cuenta no admite discusión.

Puse al profesor hasta arriba de la lista.

Y ya lo había intentado

Lo incómodo es que no era una idea nueva. Ya lo había hecho, años antes, y no había funcionado. Había buscado a los profesores, les había propuesto sumarse, y la cosa nunca terminó de arrancar.

Cuando volví a escribir la lista, volví a ponerlos primero. Porque la aritmética seguía siendo la misma y yo no tenía una explicación mejor que "no se dio".

La explicación tardó, y cuando salió fue en una frase:

Cada uno jala para su lado. Lo ven como proyecto personal. El mío es ponerlo de manera masiva.

No es falta de trato. Es que el interés no apunta al mismo lado

El profesor con club escolar no es un colaborador difícil. Es alguien que ya construyó algo suyo — con su nombre, sus alumnos, sus resultados y su forma de enseñar.

Cuando llego a proponerle que sus quince alumnos entren a un circuito que organizo yo, desde afuera se ve como una suma. Desde adentro se ve distinto: los mismos quince niños, las mismas familias, el mismo sábado, el mismo presupuesto. Estamos jalando del mismo mantel.

No es deslealtad ni mezquindad. Es que un multiplicador que tiene proyecto propio no es un aliado: es otro organizador. Y dos organizadores que compiten por el mismo alumno pueden llevarse perfectamente bien y aun así no poder trabajar juntos.

Me costó verlo porque yo había ordenado la lista por alcance, y el alcance es solo la mitad. La otra mitad es si esa persona gana o pierde cuando a mí me va bien.

El que sí funciona es el que no quiere nada de esto

Cuando ordené la lista por esa segunda mitad, el primer lugar cambió por completo: el papá.

El papá de los que ya conocen el club funciona justamente porque no tiene proyecto propio. No quiere alumnos. No quiere que lo reconozcan como entrenador. No está construyendo nada que compita con lo que yo construyo. Quiere dos cosas nada más: que su hijo la pase bien y que se note.

Y resulta que ese es exactamente el perfil de alguien a quien puedes darle algo: un lugar en la organización, el chat de padres de su salón, una tarea que le quede grande de una forma agradable. Todo lo que le des, lo devuelve. No hay nada que descontar.

Trae a un niño. Pero trae a uno cada vez, sin fricción, y trae con él a su chat de veinte familias.

Lo que no cambia

Esto no significa cerrarle la puerta a los profesores, y me parece importante decirlo porque es fácil pasarse de un extremo al otro.

Lo que se retira es depender de que cooperen: ningún pedazo del plan puede quedar detenido esperando a alguien cuyo interés apunta a otro lado.

Lo que se queda es reconocerlos. Hoy nadie le reconoce públicamente su trabajo a quien sostiene ajedrez en una escuela de esta ciudad — y esa es una deuda real, independientemente de si algún día se suman. Reconocer no cuesta nada, no le pide permiso a nadie, y con el tiempo a veces ablanda. Pero se hace porque es justo, no como táctica.

La parte que se lleva uno del tablero

En ajedrez hay una idea a la que tardé años en agarrarle el gusto: la pieza más poderosa no siempre es la que resuelve la posición. La dama domina medio tablero y hay posiciones donde estorba, porque no puede acercarse sin perderse. Y hay finales que los gana un peón al que nadie voltea a ver, que solo tiene que caminar en línea recta.

Yo estaba buscando damas.

Lo que necesitaba era gente a la que le sirva lo mismo que a mí.

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