Una lección de cinco minutos parece poca cosa, hasta que la repites durante cientos de días.
Hace poco revisé mi catálogo de SoloLearn porque ya tenía tantos cursos que no sabía cuáles me faltaban. De 62 cursos, 49 aparecen completados, tres están en progreso y diez todavía no los he iniciado.
No terminé esos 49 cursos estudiando durante horas todos los días. Muchas veces solo hice una lección mientras esperaba algo, antes de dormir o durante un pequeño espacio libre.
Cinco o diez minutos. Eso fue suficiente para seguir avanzando.
Querer hacerlo todo de golpe casi nunca funciona
Cuando me interesa un tema nuevo, mi primera reacción también es querer aprenderlo de inmediato.
Quiero terminar el curso completo, leer varios capítulos, probar todas las herramientas y sentir que ya avancé bastante. El problema es que ese ritmo normalmente dura poco.
La vida no siempre deja dos o tres horas libres. Hay trabajo, familia, pendientes y días en los que simplemente no tengo energía.
Por eso dejé de medir mi progreso solamente por lo que logro en un día. Ahora también pienso en algo más sencillo: ¿qué puedo hacer hoy para que mañana sea fácil continuar?
Una lección corta puede parecer insignificante, pero mantiene vivo el hábito. Eso vale más que estudiar cinco horas un día y después desaparecer durante un mes.
Mis rachas no comenzaron siendo números grandes
Actualmente llevo una racha de 268 días en SoloLearn. Mi mejor racha ahí ha sido de 630 días.
En Duolingo llevo 942 días. En Chess.com, 1,181 días. También tengo 136 semanas consecutivas de lectura y mi racha más larga leyendo ha sido de 348 días.
Cuando alguien ve esos números juntos, puede pensar que tengo una disciplina perfecta.
No es así.
Algunos días estudio bastante. Otros solamente completo una lección, leo unas páginas o juego una partida rápida de ajedrez. Hay días en los que hago lo mínimo necesario para no perder el contacto con esa actividad.
Pero ese mínimo también cuenta.
La constancia no significa hacerlo perfecto
En 136 semanas de lectura he perdido la racha tres veces.
Antes, perder una racha me hacía sentir que todo el esfuerzo anterior ya no servía. Como si un día sin leer borrara los meses anteriores.
Ahora lo veo diferente.
La racha no es el objetivo. La racha es una herramienta para recordarme que debo regresar.
Lo importante no es decir que nunca he fallado. Lo importante es que cada vez que he fallado, he vuelto.
Un día perdido no destruye un hábito. Lo que sí puede destruirlo es usar ese día como excusa para abandonar por completo.
Por eso trato de no faltar dos días seguidos. Si un día no pude, al siguiente regreso, aunque sea con cinco minutos.
La disciplina también se hace más fácil
No todo depende de tener fuerza de voluntad.
También trato de reducir la dificultad para comenzar. Tengo las aplicaciones en el teléfono. Dejo el libro cerca. Puedo jugar una partida de ajedrez en pocos minutos. En SoloLearn no necesito preparar nada: abro la aplicación y continúo donde me quedé.
Mi sistema no es complicado:
- Hacer aunque sea una lección.
- Leer aunque sean pocas páginas.
- Practicar ajedrez unos minutos.
- No esperar a tener el día perfecto.
- Regresar rápido cuando pierdo el ritmo.
Eso me ha funcionado mejor que depender de la motivación.
La motivación ayuda a comenzar. La constancia es la que termina el trabajo.
Todavía tengo mucho por aprender
Aunque ya completé 49 cursos en SoloLearn, todavía tengo pendientes temas de C++, TypeScript, SQL, desarrollo web, Angular, videojuegos y agentes de inteligencia artificial.
No veo esa lista como una deuda.
La veo como una lista de cosas que todavía tengo oportunidad de aprender. Algunas las terminaré pronto. Otras probablemente me tomarán meses.
No tengo prisa por terminar todo mañana. Prefiero avanzar de una manera que pueda mantener.
También es algo que intento enseñarles a mis estudiantes. Muchas veces se preocupan porque sienten que avanzan lento o porque todavía no entienden todo.
Yo les digo lo mismo que trato de aplicar conmigo:
No subestimen lo que pueden aprender practicando un poco todos los días.
La constancia casi nunca se ve impresionante mientras la estás construyendo; se vuelve impresionante cuando un día miras hacia atrás.