Hace tiempo hice un juego de ajedrez tipo arcade: un caballo que captura peones contra reloj. Lo escribí cuando sabía bastante menos de lo que sé hoy, a ratos, entre otras cosas.
Y quedó casi listo. Que es el estado en el que se quedan casi todos los proyectos personales.
Cuando alguien me preguntaba por él, yo contestaba siempre lo mismo: "funciona, pero le falta algo". Nunca supe decir qué. No era una excusa: de verdad no lo sabía.
Lo que descubrí al publicarlo bien
Le puse su dominio, lo dejé andando como debe ser, y lo abrí como lo abriría cualquiera.
En veinte minutos tenía la lista que llevaba un año sin poder escribir.
Los sonidos no cargaban. El código pedía un archivo con mayúscula y el archivo estaba en minúscula. En mi computadora eso da igual —Windows no distingue— y en un servidor de verdad, no existe. Faltaban sonidos y música, sin un solo error a la vista.
Descargaba 76 megas para entrar. Casi todo eran imágenes de fondo que el jugador nunca ve, porque la tienda pintaba cada miniatura usando la imagen completa. En mi máquina eso tarda un parpadeo. En un teléfono con datos, son minutos y se los cobra la compañía.
Y una sola consulta se comía la cuota del día. Para calcular el lugar de un jugador en la tabla, el juego se descargaba todas las puntuaciones. Todas. Con pocas partidas aguanta; con miles, se cae. O sea que entre más gente jugara, más rápido se rompía.
Los tres eran invisibles donde yo trabajaba
Esa es la parte que me dejó pensando.
No fueron descuidos que se me hayan pasado por prisa. Fueron tres cosas que mi computadora no puede mostrarme, porque mi computadora es el lugar más indulgente del mundo: perdona las mayúsculas, no cobra los megas y tiene la base de datos entera a un centímetro.
Yo podía revisar ese código un año más y no encontrar ninguno de los tres.
Lo que no está publicado no se puede arreglar, porque no se puede ver. Y mientras tanto uno se queda con la sensación vaga de que le falta algo, que es exactamente la sensación que impide publicarlo.
Es un círculo, y solo se rompe por un lado.
El dato que me dolió
Al entrar a la base me encontré con algo que no esperaba: había casi ciento cincuenta cuentas creadas. Gente que había jugado, se había registrado y había dejado su puntuación, la más reciente hacía apenas unos días.
Todo ese tiempo que yo pensé que el juego "no estaba listo", había gente jugándolo.
Estaba esperando a que estuviera bien para enseñarlo, y ya lo estaban usando roto. Con los sonidos faltando y los 76 megas encima.
Lo que me llevo
No es "publica cualquier cosa". Es algo más incómodo:
Cuando digo "le falta algo" y no sé qué, casi siempre significa que estoy mirando desde el único lugar donde ese algo no se ve.
Y también esto, que aplica a más que a un juego: un proyecto guardado no está protegido, está congelado. No mejora solo. Los defectos que tiene hoy son exactamente los que va a tener el día que por fin se decida sacarlo, con un año más de haberlos podido arreglar.
Lo publiqué, lo medí y lo arreglé en dos tardes. Llevaba un año esperando a tener tiempo para eso.